Primeramente,
cuando uno nace, nace con las funciones básicas que rigen a la vida en este
planeta: respirar, comer (mamar), el corazón palpita, etc. Todo eso, como ya
mencione, son funciones básicas, las cuales se adquieren por genética.
Después uno entra a la
escuela (según el caso), y se le enseñan los colores, las figuras, los números,
las letras, etc. Y de ahí, a conjugar todo eso. Hasta ahí todo se grava en la
mente.
Al llegar a la
adolescencia uno se comienza a preguntar cómo y por que la vida es así.
Comienza a tener alteraciones hormonales, desamores, rencores, odios, etc. Y
todo eso, todas esas experiencias se guardan en la mente y un poquito mas allá,
en el Alma. Hasta ese entonces, el trabajo humano se hace más intenso, hay
introspección y extroversión.
Después uno tiene su
familia (esposo (a), hijos, etc.). Se hace viejo y la vida se vuelve más
acelerada y uno asimila más rápidamente las cosas. Porque es como el sistema
digestivo (el cual asimila la comida) si le agregáramos cada cinco o diez años
un metro de intestino, el funcionamiento seria de mayor absorción.
Al fallecer el Ser
(alma y mente) se desprende del cuerpo, pero perteneciendo al sublunar, a lo
mental, y la mente se va a otro lugar, mientras que el Alma busca otro cuerpo
en el cual habitar, ya sin la mente anterior, y comienza a trabajar con otra
mente para seguir su proceso de evolución sin perder las experiencias
aprendidas en el cuerpo anterior y bien resguardadas. Y el cuento comienza de
nuevo…
M /Gn. Víctor Alan H.
Iglesias
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